Tiendas y montaje
Tienda de tres estaciones
La compré en 2014 y sigue siendo la única que he tenido. Dónde aguanta el viento de la meseta y en qué momento deja de hacerlo.
Dormir fuera en la meseta, contado por un conductor de camión
Valladolid · 2026

Cuaderno de campoValladolid
Desde 2014 duermo fuera con el mismo equipo y sigo aprendiendo a base de equivocarme. Aquí escribo lo que me ha funcionado en la meseta castellana: viento que no para, frío seco y noches que bajan mucho más de lo que promete el parte.
Tiendas y montaje
La compré en 2014 y sigue siendo la única que he tenido. Dónde aguanta el viento de la meseta y en qué momento deja de hacerlo.
Tiendas y montaje
Dos piquetas arrancadas me dieron la peor noche de las que recuerdo. Cómo las clavo ahora en tierra suelta y cuántas llevo de repuesto.
Saco y aislamiento
La cifra que viene en la etiqueta no es la temperatura a la que tú duermes. Lo que noto yo en el páramo con 8 °C y viento del norte.
Saco y aislamiento
Se me quedó medio deshinchada una noche de enero y el suelo me despertó a las tres. Desde entonces la hincho en dos tandas.
Cocina de campamento
Rápido, pequeño y bastante inútil con viento si no le levantas un resguardo. Dónde lo coloco y cuándo prefiero no encenderlo.
Cocina de campamento
Cuántos entran en una salida de dos noches, cómo los guardo separados de la ropa y qué hago si noto olor al montar el hornillo.
Busco un desnivel o una fila de árboles que corte el viento, aunque eso suponga andar diez minutos más. En campo abierto, directamente no acampo.
La dejé una vez mirando a la boca del valle y acabé con arena dentro y dos piquetas fuera. Ahora la parte trasera mira al viento.
Ropa interior seca, un forro fino y el gorro puesto valen más que meterse en el saco con la ropa del día encima del sudor.
Lo saco de la compresión en cuanto termino de cenar para que esponje. En enero le añado una cantimplora de agua templada a los pies.
Un resguardo de piedras, la cacerola a sotavento y la tapa siempre puesta. Con rachas fuertes ni lo intento: gas y viento no se llevan bien.
Cuento hervores, no días. Un cartucho me da unos ocho litros de agua hervida y a partir de ahí hago la cuenta de la salida.
Dónde plantar la tienda en la meseta, cómo clavar las piquetas en tierra suelta y qué hago para que el viento no me la levante de madrugada.
Del suelo al saco: por qué el frío te entra por debajo y cómo he aprendido a calcular la temperatura real de una noche en el páramo.
Hornillo, cartuchos de gas y agua caliente con viento: lo que cuece, lo que no, y el orden en que guardo cada cosa en la caja.
Encender fuego solo donde se puede y con permiso, apagarlo del todo y saber cuándo renuncio a prenderlo, que es casi siempre.
Mapa, brújula y puntos de referencia en un paisaje sin árboles donde todos los caminos de tierra acaban pareciendo el mismo.
Leer el cielo de Castilla, el viento del norte y esas noches de agosto que bajan a 8 °C sin que el parte te lo advierta antes de acostarte.
Repartir el peso, qué va arriba y qué va abajo, y cuántos kilos he dejado de llevar encima después de arrastrarlos durante años.