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Hornillo de gas de rosca

El hornillo de rosca es rápido, pequeño y bastante inútil con viento si no le levantas un resguardo. Lo tengo desde hace años, cabe en el bolsillo del pantalón y en dos minutos me da agua caliente. Pero en la meseta el aire sopla de costado y una llama que se apaga cada treinta segundos no cocina nada. Aquí cuento dónde lo coloco, cómo me hago un resguardo con lo que hay en el sitio y en qué momentos prefiero no encenderlo y cenar frío.

Dónde lo coloco cuando hay aire

La primera regla es no ponerlo en el suelo abierto. Busco un hueco protegido: el lado de sotavento de una piedra grande, el interior de un talud, la parte de atrás de una caseta o, si estoy cerca del coche, el rincón que forma la puerta abierta con la aleta. En la meseta hay mucha piedra suelta y siempre se encuentra algo que corta el aire a media altura, que es donde molesta.

Lo segundo es la altura. El hornillo va a ras de suelo, nunca encima de una piedra alta, porque entonces el viento le entra por debajo. Y el cartucho, en el suelo, con el tubo hacia arriba. Si el hornillo queda más alto que la base, la llama se desestabiliza.

Un detalle que parece una tontería y no lo es: miro dónde queda la puerta de la tienda. Si el viento manda la llama hacia la lona, lo muevo. No cocino nunca pegado a la pared de la tienda, ni siquiera con la puerta cerrada.

El resguardo, que es lo que de verdad funciona

He probado varias cosas y me quedo con las que no pesan nada. La primera es un trozo de cartón rígido, de unos 30 cm, que viaja plano en el fondo de la mochila y en el sitio se dobla formando una uve. Con eso y una piedra a cada lado, el hervido baja de siete minutos a cuatro. Pesa treinta gramos y no hay marca que me lo mejore.

La segunda son las piedras del propio sitio: tres o cuatro planas alrededor del quemador, dejando una rendija por un lado para que entre algo de aire. Sin esa rendija la llama se ahoga y huele raro. Con la rendija, la combustión va limpia y el agua hierve antes.

Nunca he usado una pantalla metálica alrededor del cartucho. Me lo pensé una vez y lo dejé estar, porque el cartucho va justo debajo del quemador y no quiero que se caliente. Si la llama no está estable a la primera, paro y lo muevo de sitio. Aquí me detengo: no fuerzo un hornillo que no va.

Cuándo prefiero no encenderlo

Hay noches que no enciendo. Si llueve de costado y el aire está en racha, no me pongo a pelear con la llama: ceno pan, embutido y fruta y me meto en el saco. Peor es cenar a las once de la noche, mojado y con el hornillo apagándose, y luego dormir con la ropa húmeda.

Lo mismo si el terreno está muy seco y hay hierba fina alrededor. Las chispas de un quemador no son una hoguera, pero tampoco me apetece comprobar nada. Si hay materia seca pegada al sitio donde voy a cocinar, despejo medio metro o me voy a otro lado.

Y si noto olor a gas al abrir la llave, apago, cierro el cartucho y me aparto. No me pongo a apretar la junta ni a buscar la fuga en el campo. Eso se mira en casa, con el cartucho fuera del hornillo, y lo decide quien sepa. Yo no improviso con gas.

Cómo lo monto sin prisas

Todos los días hago lo mismo y siempre en el mismo orden. Saco el cartucho, miro la junta de goma con la linterna para ver que no tiene una grieta, enrosco el hornillo a mano hasta que nota el tope y compruebo que la llave está cerrada antes de engancharlo. El paso que me salto cuando tengo prisa y que nunca debería saltarme es ese: mirar la llave antes de enganchar.

Solo entonces abro la llave, primero poco, y escucho. Si el sonido es regular y no hay olor, enciendo con el mechero por el lado, nunca con la cara encima del quemador. Si el sonido es intermitente, apago y vuelvo a enroscar.

Cuando termino, cierro la llave, espero a que la llama se apague del todo y dejo enfriar el quemador antes de desenroscar. Con el metal caliente no se toca nada.

Lo que lo ha estropeado en estos años

Lo que más ha sufrido es el quemador. La suciedad de la propia comida y el polvo de la meseta acaban en los agujeros y la llama se vuelve amarilla y desigual. Lo limpio en casa con un cepillo de dientes viejo, sin agrandar los agujeros con nada punzante, que es la forma más rápida de arruinarlo.

La junta la cambié dos veces. Es una pieza de céntimos, y llevo una de repuesto en una bolsita junto al hornillo desde que una me falló en una salida de mayo y me quedé sin cena caliente. La funda de tela también se ha rajado; la he cosido con hilo grueso y sigue cumpliendo.

El hornillo en sí no tiene más historia: no lleva encendido, no lleva regulación fina y funciona siempre que esté limpio y bien enroscado. Para lo que yo hago, hervir agua y calentar un guiso de bote, no necesito nada más complicado.

Lista de comprobación

  • Busca un hueco a sotavento antes de sacar el hornillo: una piedra, un talud, el rincón del coche.
  • Coloca el cartucho en el suelo, en vertical, y el hornillo a ras, nunca más alto que la base.
  • Revisa la junta con la linterna y comprueba que la llave está cerrada antes de enroscar.
  • Enrosca a mano hasta el tope, sin forzar con la llave ni con un trapo.
  • Levanta el resguardo de cartón o las piedras alrededor, dejando una rendija para el aire.
  • Abre la llave poco a poco, escucha la salida y enciende por el lado, nunca con la cara encima.
  • Al terminar, cierra la llave, deja que el quemador se enfríe y solo entonces desenrosca.
  • Si notas olor a gas, cierra, apártate y no lo arregles en el campo.