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Tiempo y previsiones

Leer el cielo de Castilla, el viento del norte y esas noches de agosto que bajan a 8 °C sin que el parte te lo advierta antes de acostarte.

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Leer el cielo de Castilla es una habilidad que se aprende a base de noches, y que ninguna aplicación sustituye del todo. El parte meteorológico es imprescindible, pero en la meseta hay un desfase entre lo que dice el parte y lo que pasa en el sitio concreto donde has montado, y ese desfase es precisamente lo que hay que saber leer. Agosto baja a ocho grados sin que el parte te lo advierta, y esa es la trampa en la que cae todo el mundo una vez.

El viento del norte es el aviso más fiable que tengo. Cuando sopla del norte por la tarde, aunque sea flojo, sé que la noche va a ser despejada y fría: el aire viene de tierra seca y no hay nubes que retengan el calor. Cuando el viento viene del suroeste y sube, suele traer nubosidad y temperaturas más suaves, pero también más humedad. Y cuando no hay viento ninguno al atardecer y el cielo está absolutamente limpio, la noche será la más fría de todas, porque sin nubes ni viento todo el calor del suelo se escapa al cielo.

Las nubes dicen mucho si se miran en el momento adecuado. Nubes altas y finas al atardecer, con un color anaranjado muy extendido, suelen anunciar un cambio en doce o veinticuatro horas. Nubes que crecen en vertical por la tarde sobre las sierras pueden dar tormenta al anochecer, y en la meseta la tormenta llega a veces sin lluvia, solo con viento brusco, que es lo que rompe tiendas. Yo miro el horizonte completo antes de acostarme, no solo una parte, y anoto en el cuaderno lo que veo, porque así he ido formando mi propio registro del sitio.

En este apartado escribo cómo leo el cielo, cómo interpreto el parte con las correcciones que he aprendido en cada zona, y cómo ajusto el equipo según lo que espero. Si espero noche fría, cambio la colchoneta y subo el forro del saco. Si espero viento, refuerzo los vientos y elijo un sitio más resguardado. Si espero tormenta, directamente no monto en una loma. También cuento las noches en que el parte se equivocó y yo no, y las que el parte acertó y yo no le hice caso, porque de las dos se aprende más que de las que salieron bien.