Inicio › Equipo que uso › Tiempo y previsiones › Anemómetro de bolsillo
Equipo que usoTiempo y previsiones
Anemómetro de bolsillo
El anemómetro lo llevo desde hace dos años metido en el bolsillo de la chaqueta. No me dice nada que no vea: sé que el aire va fuerte porque la tienda cruje y porque la hierba va tumbada hacia el mismo lado. Lo que hace es ponerle un número, y a mí un número me sirve para decidir sin discutir conmigo mismo. A partir de cierta racha recojo los tensores y me meto dentro antes de cenar. Antes lo calculaba a ojo y una vez lo dejé tarde. Desde entonces lo miro.
Por qué lo llevo si el viento se ve
Sí, el viento se ve. Se ve en la hierba, en la arena que corre por el camino y en cómo se mueve la lona de la tienda. El problema es que se ve distinto según dónde estés: en el hueco de la puerta del coche parece que no hay nada, y a diez metros, en campo abierto, te tienes que sujetar el gorro. El ojo mide mal, y encima mide peor cuando ya estás cansado y quieres cenar.
El número me quita esa discusión. Cuando veo 9 m/s de racha en la pantalla, dejo de preguntarme si será impresión mía o si se está levantando. Sé que a esa cifra ya he tenido problemas, y actúo. Eso es todo lo que hace el aparato: me quita la duda de encima.
En la meseta el viento entra recto desde los campos, sin una fila de árboles que lo pare, y no afloja en toda la noche. Es la variable que más me condiciona, más que la lluvia, y por eso llevo encima algo que la mida.
A partir de qué cifra hago cada cosa
Estas cifras son mías, de mis salidas, y las tengo apuntadas en la libreta porque me las olvido. Hasta unos 5 o 6 m/s de racha, ceno tranquilo con el resguardo alrededor del hornillo y no toco nada más. Entre 7 y 9 m/s empiezo a mirar los tensores, sobre todo los de barlovento, y compruebo que las piquetas están bien clavadas y lastradas con piedras.
A partir de unos 10 m/s no me pongo a montar en campo abierto. Si ya tengo la tienda puesta y veo que va subiendo, recojo lo de fuera, meto todo dentro, tenso bien y ceno algo que no necesite cocina. Y si la racha pasa de 14 o 15 m/s, lo que hago es levantar la tienda y volver al coche. No me quedo a ver qué pasa.
En una salida de febrero me pilló una racha que no había medido porque tenía el aparato en la mochila, dentro de la tienda. Aquella noche aprendí a mirarlo antes de cenar y no después.
Cómo se mide bien y cómo se mide mal
La primera vez que lo usé lo puse a la puerta de la tienda, y ahí no hay viento: la propia tienda hace de pantalla. Lo que hago ahora es alejarme unos metros del coche y de la tienda, poner el brazo estirado y sujetarlo a la altura a la que quiero medir, más o menos a metro y medio del suelo, que es donde pega en la lona. Y me pongo de espaldas al aire, con el aparato por delante, para que el cuerpo no me haga sombra.
Lo segundo es distinguir la media de la racha. Los aparatos baratos dan las dos cosas, y a mí la que me interesa es la «racha», el pico más alto, porque es la que arranca una piqueta. Miro la pantalla treinta segundos y me quedo con el número más alto, no con el que se queda fijo. Si solo miro la media, me engaño.
Y no mido desde dentro del coche con la ventanilla abierta. Eso no vale para nada, por más que sea lo más cómodo.
Lo que el número no me dice
El anemómetro mide fuerza, no dirección ni intención. No me dice si el aire va a seguir toda la noche o si es una racha de media hora antes de que caiga del todo. No me dice si va a llover, ni si va a cambiar de lado a las tres de la mañana, que es cuando suele pasar y cuando menos ganas tengo de levantarme.
Tampoco me dice de dónde viene. Eso lo veo con la cara y con la manga del poncho: me pongo de pie un minuto y noto en qué mejilla pega. Con eso y con el número, decido dónde pongo la parte trasera de la tienda y por dónde abro la puerta.
Y no me dice cómo está el suelo. Puedo tener 6 m/s y una tienda tensa sobre tierra apelmazada, o los mismos 6 m/s sobre polvo suelto donde las piquetas salen con la mano. El número es la mitad de la información; la otra mitad la da el sitio.
Pila, cordón y cuándo no lo saco
En dos años le he cambiado la pila una vez, y fue porque la dejé encendida toda una tarde sin darme cuenta. Ahora lo apago en cuanto tengo el número y lo guardo en el bolsillo de la chaqueta, con el cordón puesto a la muñeca para no dejármelo en el suelo. Es pequeño y se pierde con una facilidad sorprendente.
Con frío la pantalla se ve con más trabajo y con los guantes puestos casi no hay manera de pulsar los botones, así que lo miro antes de ponerme los guantes. Y si hay niebla, la humedad se queda en el cristal y hay que secarlo con la manga para leerlo.
Hay días que no lo saco. Si estoy en un sitio abrigado, con la tienda entre árboles o en un hueco, y el aire no se mueve, no me hace falta. Y cuando el viento ya es evidente, tampoco: si la hierba va tumbada y la tienda ya está crujiendo, no necesito un número para saber que tengo que recoger.
Lista de comprobación
- Antes de cenar, saca el aparato del bolsillo y enciéndelo con los guantes todavía fuera.
- Apártate unos metros de la tienda y del coche, que ellos solos hacen pantalla.
- Estira el brazo y sujétalo a metro y medio del suelo, que es donde pega en la lona.
- Ponte de espaldas al aire y mira la pantalla unos treinta segundos.
- Quédate con el número de racha, no con la media que se queda fija.
- Gira la cara al viento un minuto para saber de dónde viene antes de decidir.
- Si la racha pasa de unos 10 m/s, deja de montar cosas fuera y recoge.
- Apágalo y guárdalo con el cordón a la muñeca en cuanto tengas el dato.