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Equipo que usoTiendas y montaje
Piquetas y vientos tensores
Dos piquetas arrancadas de cuajo me dieron la peor noche que recuerdo, y fue por no pensar en el suelo que tenía debajo. Desde entonces llevo siempre dos de repuesto en el bolsillo de la mochila y he cambiado por completo la forma de clavarlas. Aquí cuento cómo las meto en tierra suelta, qué hago cuando el terreno es polvo y cómo tenso los vientos para que trabajen a favor y no en contra. Es material barato y aburrido, pero es lo que decide si duermes o no.
La noche de las dos piquetas
Monté la tienda en un rellano de tierra con la puerta mirando a la boca del valle, porque desde ahí se veía el pueblo y me pareció un buen sitio. El viento empezó a las once y no paró. A las dos de la mañana noté que la lona me daba en la cara, salí a tientas y me encontré dos esquinas al aire: las piquetas habían salido limpias, sin tierra pegada siquiera. Las habían arrancado de un suelo que era polvo suelto.
Las volví a clavar con una piedra encima y aguantaron media hora más. La lona se me llenó de arena por la puerta abierta y no dormí nada. Aquello no fue mala suerte: fue no haber mirado el suelo ni de dónde venía el aire.
Lo que me quedó claro esa noche es que las piquetas de serie que traen las tiendas son un accesorio para cumplir expediente. No aguantan la primera racha seria en la meseta.
Cómo las clavo ahora en tierra suelta
En tierra suelta el error es clavarlas rectas. Una piqueta vertical solo aguanta por el rozamiento de su superficie, y en polvo ese rozamiento es casi nada: sale del agujero con la misma facilidad con la que entró. Yo las clavo inclinadas, a unos 45°, con la punta apuntando hacia fuera de la tienda. Así la propia tensión de la lona tira de la piqueta hacia el suelo en vez de hacia arriba.
Cuando el suelo es polvo de camino, antes de clavarlas busco otra cosa. Doy cuatro pasos y casi siempre encuentro una franja de hierba con tierra compacta o un claro entre matas donde la tierra está prensada. Si no hay nada, pongo una piedra plana sobre cada piqueta y la calzo con otra más pequeña. Es cutre y funciona: he pasado noches de racha fuerte con cuatro piedras haciendo de anclaje.
Y si el terreno es de grava o piedra suelta, no me peleo. Ahí tiro de los vientos y busco un bloque grande al que dar la vuelta, en lugar de intentar clavar entre cantos que se mueven.
Los vientos tensores, que casi siempre se montan mal
Un viento tensor mal puesto trabaja en contra. Cruzado, lo único que hace es tirar de la varilla hacia un lado y doblarla; en línea con el viento, sostiene la estructura justo donde más empuja. Yo los clavo siempre alineados con la dirección de donde viene el aire, formando una línea con el punto alto que sujetan.
El tensor se aprieta hasta que la lona deja de ondear, no hasta que la cuerda esté dura como un cable. Si la lona está tensa, la tienda trabaja como una pieza; si está floja, cada racha la golpea y el golpeteo va soltando piquetas poco a poco. Yo lo noto por el ruido: cuando la tienda suena a papel, algo está flojo.
Y repaso los tensores antes de cenar, cuando ya ha oscurecido y el viento ha subido. Con la linterna, un tirón a cada cuerda. Son dos minutos y me ahorran levantarme a las tres.
Cuántas llevo y dónde van en la mochila
Llevo seis piquetas clavadas, que son las cuatro esquinas y dos para el ábside, más dos de repuesto. Las de repuesto no van dentro de la funda de la tienda: van en el bolsillo lateral de la mochila, a mano, para poder sacarlas sin desmontar media mochila a oscuras. Esa manía me ha salvado dos noches.
El peso total de las ocho no llega a 150 g, así que no entiendo al que sale con cuatro y confía en encontrar piedras. Yo también llevo a veces trozos de cuerda de 3 mm, dos de metro y medio, que uso para lastrar sustituyendo una piqueta por una piedra grande. Ocupan nada y en los sitios de tierra blanda son la diferencia.
Las piquetas viejas que doblé las guardo en casa en una caja, no las tiro, porque las uso para los cuatro puntos del coche cuando duermo dentro.
Lo que he aprendido a base de arrancarlas
Nunca clavo una piqueta con la mano a presión: empujo con el pie o con una piedra, y si el suelo no la deja entrar, cambio de sitio. Las que se doblan son las que se fuerzan, no las que se clavan bien. Y cuando saco una piqueta doblada, la enderezo en casa con el martillo sobre la mesa de la cocina, no en el campo con una piedra.
En el desmontaje no doy tirones. Tiro del anclaje y no de la cuerda, porque un tirón seco se lleva el cordón del ojal y eso ya no lo arregla una piqueta de repuesto.
Todo esto vale para mi clima y mi terreno. Aquí la tierra es seca, muy suelta y hay mucha piedra suelta, así que lo de lastrar con piedras me sirve; en un suelo de turba húmeda seguramente no haría falta. Lo escribo tal cual lo hago yo, para que cada uno lo pruebe en su sitio.
Lista de comprobación
- Mira el suelo antes de decidir el sitio: si es polvo o grava suelta, busca tierra compacta a unos pasos.
- Clava las cuatro esquinas inclinadas, con la punta hacia fuera de la tienda, no verticales.
- Usa el pie o una piedra para empujar; si el suelo no cede, cambia de punto.
- Monta la estructura y clava los vientos en línea con el viento que esperas.
- Aprieta los tensores hasta que la lona deje de ondear, sin dejarlos rígidos como cables.
- Si el suelo es muy blando, lastra las piquetas con una piedra plana encima.
- Antes de acostarte, repasa las piquetas y los tensores con la mano y la linterna.
- Lleva dos piquetas de repuesto en el bolsillo lateral, no en la funda de la tienda.