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Orientación y rutas

Mapa, brújula y puntos de referencia en un paisaje sin árboles donde todos los caminos de tierra acaban pareciendo el mismo.

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Mapa, brújula y puntos de referencia en un paisaje sin árboles donde todos los caminos de tierra acaban pareciendo el mismo. Esto es lo que me costó entender cuando empecé a caminar por la meseta: no hay sombras que sirvan de guía, no hay montaña reconocible en el horizonte en muchas zonas, y dos caminos separados por cinco kilómetros pueden parecer idénticos desde el sitio donde estás parado.

La brújula sola no sirve si no sabes dónde estás, y el mapa solo no sirve si no sabes leer el relieve. Lo que funciona es la combinación, y sobre todo un método: yo fijo el rumbo antes de moverme, no durante. Antes de salir, miro el mapa, identifico tres referencias grandes que voy a poder ver durante al menos la primera hora, y anoto el rumbo que debo mantener. En la meseta las referencias útiles no son árboles ni casas, son los cortados, las líneas de alta tensión, los depósitos de agua y las lomas que se ven largas y bajas.

La distancia se mide con el paso, no con la vista. En terreno llano y sin obstáculos, un adulto camina un kilómetro en unos doce minutos con mochila ligera y en quince con peso; contar los minutos y corregir según el terreno da un error mucho menor que estimar "a ojo". Yo llevo el rumbo en la muñeca y voy corrigiendo cada veinte minutos, no cada dos horas, porque un grado de desviación al principio son cientos de metros al final.

En este apartado escribo cómo preparo una ruta con mapa y brújula, cómo identifico puntos de referencia en un paisaje sin árboles, y qué hago cuando el camino se bifurca y las dos opciones parecen correctas. También hablo de lo que llevo encima aunque no lo vaya a usar: mapa de papel, brújula de verdad, y una nota escrita con el rumbo de vuelta, porque la batería del móvil se acaba y la memoria se confunde cuando oscurece. Y cuento el día en que, por no anotar el rumbo de vuelta, caminé una hora en la dirección equivocada sobre un camino perfectamente visible, sin ninguna duda hasta que llegué a un pueblo que no era el mío.