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TécnicaOrientación y rutas
Situarse con mapa y brújula
Casi nunca me hace falta, porque camino por sitios que conozco. Pero en cuanto salgo de mi radio de siempre, o cuando el camino se borra entre dos rastrojos iguales, saco el mapa y la brújula. Con dos puntos que reconozca y una línea sobre el papel sé dónde estoy, sin depender del móvil, que con el frío se apaga justo cuando más lo necesito. No hay misterio: es práctica y hacer el trabajo antes de salir.
Lo esencial
- Antes de salir marco en el mapa tres puntos que voy a reconocer seguro y la dirección del viento. Sin eso, el mapa no me sirve.
- Con el mapa orientado con la brújula, sé hacia dónde miro. A partir de ahí, dos referencias y una línea cruzada.
- El móvil es el apoyo, no la herramienta principal: con el frío se apaga y ahí ya no cuento con él.
- Si no reconozco nada, no invento: vuelvo al último punto donde estaba seguro.
Paso a paso
Lo que preparo en casa, sobre la mesa
El trabajo se hace antes de salir, en casa. Despliego el mapa —el de escala 1:25.000, con el que se ven los caminos y las curvas de nivel— y marco con lápiz tres o cuatro puntos que voy a reconocer sobre el terreno: un cruce de caminos, una torre de agua, una loma con forma clara. Los marco con una cruz pequeña y les pongo una letra.
En este mapa, cuatro centímetros son un kilómetro, así que con la regla mido los tramos y calculo cuánto tengo hasta el punto donde quiero dormir. Apunto también de dónde va a soplar el viento, porque en la meseta eso decide dónde se puede plantar la tienda.
Todo lo anoto en un papel aparte, junto al mapa, porque a lápiz sobre el mapa acabo borrando y no veo nada. En el piso, con todo volcado en el suelo del salón, es donde hago esta preparación. Sin mesa grande ni nada, en la mesa de la cocina y con la luz de la ventana.
Orientar el mapa con la brújula
Lo primero es poner el mapa en el suelo o sobre una superficie plana, nunca en la mano y menos andando. Apoyo la brújula encima, con el borde largo alineado con una línea vertical de la cuadrícula del mapa. Después giro el mapa entero, con la brújula encima, hasta que la aguja apunte al norte de la cuadrícula.
Aquí hay un matiz que aprendí tarde: el norte de la brújula y el norte de la cuadrícula del mapa no coinciden exactamente. En mi zona la diferencia es de un grado o menos, así que no me va a perder, y no me complico con ella. En otros sitios la diferencia puede ser mayor y entonces sí hay que tenerla en cuenta.
La brújula la apoyo separada del móvil y de cualquier cosa metálica. Si la pongo junto al cierre de la mochila o sobre una verja, la aguja se va y me da una lectura falsa. Con un par de metros de distancia y el mapa plano ya voy bien.
Dos puntos de referencia y una línea
Con el mapa ya orientado, busco dos referencias que vea a la vez y que estén también en el papel. Suelen ser cosas grandes y claras: una torre de tendido, un depósito, una loma con una forma que no se repite. A cada una le tomo la dirección con la brújula, mirando por la línea de visión.
Después, sobre el mapa, trazo las direcciones al revés: desde cada referencia, una línea que venga hacia mí. Donde las dos líneas se cruzan, estoy yo. Con una sola referencia sé la dirección; con dos, el punto. Por eso busco siempre dos, y si puedo tres, porque con tres se ve enseguida si una de las lecturas está mal.
En llano, sin árboles ni hitos, esto es más difícil que en la sierra. Aquí el terreno se parece mucho a sí mismo y las referencias buenas suelen ser las que ha puesto el hombre: torres, postes, un cruce de caminos. Las naturales engañan más de lo que parece.
Cuando no reconozco nada
Hay días en que no veo ninguna referencia clara, sobre todo con niebla baja o cuando el camino se ha borrado y todo es rastrojo. En esos casos no me pongo a inventar de dónde vengo. Lo que hago es parar, beber algo, y volver al último punto donde estaba seguro de dónde estaba.
Para volver sin perder más terreno, uso la dirección contraria a la que traía, medida con la brújula, y voy contando los pasos. Mido la distancia a pasos dobles, unos sesenta y seis cada cien metros en llano, aunque cuando voy cargado o subo me salen más. Con eso vuelvo al punto conocido y desde ahí decido otra vez. A veces la decisión es volverme, y volverme no es ningún fracaso.
Lo que no hago es bajar por donde parece más fácil sin saber dónde acaba. Una ladera que baja cómoda puede llevarme a un sitio del que luego no sé salir, y cuesta el doble de trabajo remontar con la mochila puesta.
El móvil es el apoyo, no la herramienta
Llevo móvil, claro, y a veces me saca de un apuro. Pero no cuento con él. Con el frío se apaga; me ha pasado con dos grados y con la batería a la mitad, en una mañana de enero. Y cuando se apaga lo hace justo en el momento en el que uno lo quiere mirar, que es cuando ya no sabe por dónde va.
Lo que hago es llevarlo apagado, dentro del bolsillo interior, para que no coja frío y no se gaste solo. Lo enciendo únicamente si necesito una comprobación rápida y luego lo vuelvo a apagar. Así me dura la batería toda la salida sin cargador.
Con todo, el mapa y la brújula son lo que llevo siempre a mano, en el bolsillo del pecho, y el móvil va guardado. Si la lectura del mapa y la del móvil no coinciden, me fío del papel, que no se queda sin batería y no me discute.
Errores que he cometido
- Apoyé la brújula sobre el mapa con el cierre metálico de la mochila al lado y la aguja me dio una lectura falsa. Ahora la pongo un par de metros aparte de cualquier metal.
- Salí sin marcar los puntos en el mapa y en el campo no reconocí nada. Volví por donde había venido. Ahora marco en casa tres puntos que sé que voy a ver.
- Conté con el móvil para todo y se apagó con el frío a mitad de camino. Ahora va apagado en el bolsillo interior y el papel es lo que llevo a mano.
- Tomé la dirección con una sola referencia y creí saber dónde estaba. Estaba a un kilómetro del sitio que pensaba. Ahora uso dos referencias y trazo las líneas al revés.
- Bajé por una ladera que parecía fácil para acortar y acabé en el fondo de un barranco sin salida cómoda. Ahora, si no lo veo claro, vuelvo al último punto seguro.