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Prever la bajada de temperatura

En agosto he pasado de treinta y dos grados a mediodía a ocho de madrugada, en el mismo sitio y con la misma ropa puesta. Por eso, cuando preparo la mochila, miro la temperatura mínima del parte y no la máxima. La máxima solo me dice si voy a sudar por el camino; la mínima me dice si voy a dormir o si me voy a pasar la noche dando vueltas. Y en el páramo abierto, con el viento entrando recto, la mínima real suele quedar por debajo de la que anuncian para el pueblo.

Prever la bajada de temperatura
El cuaderno de tapas de cartón abierto sobre la esterilla, con la mínima de la noche apuntada y el saco desplegado al lado.

Lo esencial

  • Miro la mínima de la noche, nunca la máxima del día. La máxima decide el camino; la mínima decide si duermo.
  • A la mínima del parte le resto entre tres y cinco grados si voy a un sitio abierto y algo elevado. Casi siempre acierto.
  • El viento es lo que más baja la sensación: dos noches con la misma temperatura no se parecen si una tiene aire.
  • El suelo frío se lleva más calor que el aire. Esterilla firme antes que saco más gordo, siempre en ese orden.
  • Apunto cada mañana la mínima que he sentido de verdad. Con veinte apuntes ya sé cuánto se desvía mi sitio del parte.

Paso a paso

La mínima, no la máxima

El parte del tiempo me da dos números y mucha gente se queda con el de arriba. Yo hago lo contrario. La máxima la uso para decidir si llevo manga larga por el camino o si salgo temprano para evitar el calor, y para calcular el agua que voy a beber. La mínima es la que me dice qué ropa meto para la noche y qué saco saco de la mochila.

En la meseta, en verano, la diferencia entre el mediodía y la madrugada es enorme, porque el aire es seco y la tierra suelta el calor en cuanto se va el sol. Treinta y dos grados a las tres de la tarde y ocho a las cinco de la mañana es una noche normal de agosto. En primavera y otoño la diferencia es más pequeña, pero el suelo ya está frío y la sensación en la espalda es peor.

Lo que aprendí a base de pasar frío es que la mínima del parte está medida en una garita, a metro y medio del suelo, en una estación del pueblo. Mi tienda está en el suelo, en un descampado, y ahí abajo hace bastante más frío que en la garita. Ese desfase es lo que hay que corregir a mano.

El suelo y el sitio donde monto

El suelo que elijo cambia la noche más que la temperatura del aire. Dormir sobre tierra seca y compacta es distinto que dormir sobre hierba, sobre arena o sobre una piedra. La hierba y la tierra compacta aguantan algo de calor; la arena y la piedra lo sueltan todo en cuanto cae el sol y a las dos de la madrugada están heladas. Por eso, cuando el parte da una mínima justa, busco suelo de tierra, no de piedra.

También cuenta la posición. Un alto despejado, en lo más abierto del páramo, pierde calor por radiación y por viento, y a media noche puede tener tres o cuatro grados menos que un sitio a resguardo, aunque estén a un kilómetro. Un fondo de valle, en cambio, guarda el aire frío y también baja mucho. El sitio mejor es una zona de media ladera, con algo que corte el viento por un lado y sin charco de aire frío debajo.

Con esto no quiero decir que haga ciencia exacta. Es observación de años: monto, amanezco con frío o sin él, y lo apunto al día siguiente para no repetir la misma tontería.

El viento se lleva la sensación

Dos noches con la misma temperatura no se parecen en nada si una tiene viento. En la meseta el aire entra recto desde los campos, sin una fila de árboles que lo pare, y no afloja en toda la noche. Con ocho grados y aire en movimiento la sensación es de tres o cuatro, y con eso el saco que venía bien pasa a quedarse corto. Es la variable que más me condiciona, más incluso que la lluvia.

Por eso, cuando miro la mínima, miro también el viento. Si el parte anuncia viento sostenido para la madrugada, subo un grado o dos mi estimación de frío y meto una capa más. Y elijo sitio con resguardo, no por comodidad, por temperatura. Un coche, un talud, una linde o unos matorrales cortan el aire y cambian la noche entera.

La humedad es la otra. Una noche húmeda con la misma temperatura se siente más fría que una seca, porque el aire mojado se lleva el calor del cuerpo antes. Después de dos noches seguidas de humedad, lo que más agradezco es sacar la ropa de la tienda por la mañana y tenderla, en vez de dejarla doblada.

Cómo lo apunto y qué me pongo

Llevo un cuaderno pequeño en la mochila, de los de tapas de cartón, y apunto cuatro cosas al acostarme y al levantarme: la hora, la temperatura del parte para esa noche, el viento que noto y si he pasado frío o no. Nada más. Con veinte apuntes del mismo sitio ya sé cuánto se desvía la temperatura real de la que anuncian, y ese desfase me lo aplico luego sin pensar.

Con el número ya corregido decido la ropa de dormir. La regla que sigo es sencilla: si la mínima va a quedar por debajo de los ocho grados, meto la capa térmica de manga larga y el gorro. Si baja de cinco, añado los calcetines gordos que solo uso para dormir y me pongo la capa inferior del saco. No duermo con la ropa del día, que suele estar húmeda de sudor, porque la humedad enfría. La ropa de dormir se guarda seca y solo se usa para eso.

Y el orden importa: primero la esterilla, luego el saco. Un saco bueno sobre una esterilla floja no aísla. Lo comprobé a base de dormir mal.

Cuando la previsión no me sirve

Hay noches en que el parte y lo que siento no tienen nada que ver. Si voy a un sitio nuevo, a más altura o más abierto de lo que conozco, no me fío de mi corrección de siempre y meto una capa de más. Antes pasarme de ropa que quedarme corto, porque el frío de noche no se soluciona levantándose a las tres a buscar cosas a oscuras.

Si el parte anuncia un cambio brusco de temperatura, con entrada de aire frío, la mínima puede caer mucho más de lo previsto y no hay corrección que valga. En ese caso, si tengo duda, no salgo, o duermo en un sitio que conozca bien y con el coche cerca.

No tengo ninguna titulación ni curso de meteorología: lo mío es apuntar lo que siento y calcular a ojo. Si alguien necesita una previsión seria, esto no le va a servir. Lo que escribo vale para mi clima y mi equipo.

Errores que he cometido

  • Miré la máxima del día, treinta grados, y dejé la ropa de abrigo en casa. A las cuatro de la mañana estaba a ocho grados y me pasé la noche despierto. Ahora miro siempre la mínima.
  • Usé la mínima del pueblo sin corregir y me quedé corto tres grados. Mi sitio estaba más alto y más abierto que la estación. Ahora resto entre tres y cinco grados según dónde voy.
  • Ignoré el viento en la previsión. Con ocho grados y aire toda la noche pasé más frío que otra vez con cuatro grados y calma. Ahora el viento entra en mi cálculo tanto como la temperatura.
  • Dormí con la ropa del día, que estaba sudada. La humedad me enfrió toda la noche. Ahora llevo ropa seca solo para dormir y la del día se queda fuera del saco.
  • Puse el saco bueno sobre la esterilla medio hinchada y me despertó el frío del suelo a las tres. Ahora hincho la esterilla firme antes de acostarme y compruebo con la mano que no toco el suelo.