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Equipo que usoSaco y aislamiento

Saco con confort de -5 °C

La etiqueta de mi saco pone menos cinco, y esa cifra no es la temperatura a la que yo duermo. Es un número de laboratorio, medido con una persona que no se mueve y con una esterilla que no se aplasta. En el páramo, con ocho grados y viento del norte, lo que noto es otra cosa. Aquí cuento en qué franja me apaño de verdad, qué me pongo por dentro y por qué el viento me quita más grados que la propia temperatura del parte.

Lo que dice la etiqueta y lo que noto yo

La cifra de menos cinco está medida en un laboratorio, con una persona quieta, con ropa térmica y sobre una esterilla que aísla bien. En mi caso no se cumple ni de lejos. Con dos grados dentro de la tienda y con el viento pegando en la lona, paso la noche entera caliente y duermo sin desperezarme. Bajando a cero ya empiezo a notar los pies fríos hacia las cuatro de la mañana. Por debajo de eso, con este saco y sin añadir nada, no duermo: me paso la noche dándome vueltas.

Esa diferencia no es que el fabricante mienta. Es que la etiqueta describe a otra persona en otras condiciones. Yo tengo casi cincuenta años, duermo de lado y me muevo bastante, y eso se nota. La temperatura que vale es la que cada uno comprueba en su propia noche.

Por eso dejé de mirar el número grande y empecé a apuntar en el cuaderno la mínima de cada salida y cómo había dormido. Con veinte noches apuntadas ya se ve la franja real.

Agosto en la meseta: 32 °C a mediodía, 8 °C de madrugada

Aquí el contraste del día es el problema. Un día de agosto a mediodía estoy a 32 °C, en manga corta, y a las cinco de la mañana el termómetro que llevo colgado de la tienda marca 8 °C. En el páramo abierto, con el aire corriendo, incluso menos. El saco se pasa el día tirado dentro de la tienda, y al llegar la noche está tibio de la tarde. Eso ayuda.

Lo que me ha costado años entender es que la ropa que hace falta no la decide la máxima, sino la mínima. Miro el parte antes de salir y me quedo solo con el dato de la madrugada. Si pone 8 °C, sé que con el saco voy sobrado; si pone 3 °C, meto forro fino y calcetines secos. La cifra del mediodía no me sirve para nada.

En abril y en octubre la mínima es la misma que en agosto, pero el aire es más cortante y las noches duran más. Ahí sí noto el saco justo, aunque el termómetro diga lo mismo que en verano. Las horas de oscuridad también cuentan.

El viento le quita grados al saco

El viento es la variable que más me condiciona, por delante de la lluvia. Sopla recto desde los campos, sin un árbol que lo pare, y no afloja en toda la noche. Con el mismo termómetro, una noche en calma a 6 °C y una noche con racha a 6 °C no se parecen en nada: en la segunda el frío entra por la lona y se queda.

Lo que hago es no dejar la tienda en campo raso cuando sé que va a soplar. Y si no queda otra, duermo con la capucha del saco puesta y cerrada hasta la nariz, porque la cabeza es por donde más calor se me va. El gorro de lana dentro del saco es lo que más me ha cambiado las noches, más que cambiar de saco.

Cuando el viento aprieta de verdad, no hay saco que lo arregle. A partir de cierta racha recojo lo que puedo y duermo en el coche. Es una decisión poco épica y me ha funcionado siempre.

Lo que me pongo por dentro

No duermo con la ropa del día. Llego a la tienda con la camiseta sudada del camino, y meterme con eso dentro del saco es tirar el aislamiento a la basura. Me cambio entero antes de acostarme: camiseta de manga larga seca, calzoncillo largo y calcetines limpios que solo uso para dormir. La ropa del día queda fuera del saco, doblada y a los pies, o dentro de la mochila si hay humedad.

Encima de eso no me pongo mucho más. Un forro fino si la mínima va por debajo de 4 °C, y ya. Meter un jersey grueso dentro del saco comprime la pluma y me deja con menos aire caliente alrededor. Lo aprendí a base de probar: con jersey dormía peor que sin él.

El gorro, en cambio, siempre. Y un buff en el cuello si hace aire. Son cincuenta gramos que cambian la noche entera.

Cómo lo guardo y cada cuánto lo aireo

En casa el saco vive colgado en una percha dentro del armario, nunca dentro de la funda de compresión. Comprimido pasa meses y la pluma pierde volumen; si no recupera, deja de retener aire y el saco se queda flojo. La funda la uso solo el día de la salida y el día de la vuelta.

En cuanto planto la tienda, lo primero que hago es sacarlo y dejarlo esponjar dentro. Mientras monto, ceno y recojo, pasa una hora abierto y eso ya se nota. Lo meto en el saco cuando estoy listo para meterme yo.

Lo limpio una vez al año, en casa, y lo hago con cuidado porque la pluma no lleva bien los lavados. Antes de guardarlo, lo aireo dos días en el tendedero del vecindario, que es lo único que tengo a mano al vivir en un piso.

Lista de comprobación

  • Antes de salir, mira la mínima prevista de la madrugada, no la máxima del día.
  • Saca el saco de la funda en cuanto montas la tienda y déjalo esponjar dentro.
  • Antes de acostarte, cambiate entero: ropa interior seca y calcetines que solo uses para dormir.
  • Ponte el gorro dentro del saco y ajusta la capucha sin taparte la boca del todo.
  • Si la mínima baja de 4 °C, añade un forro fino por dentro en lugar de una prenda gruesa.
  • Comprueba la esterilla antes de entrar: si el suelo llega a la mano al apretar, le falta aire.
  • Separa los pies un palmo de la pared de la tienda para no empapar el pie de saco.
  • Al volver a casa, sácalo de la funda y déjalo colgado y aireado.