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Equipo que usoMochila y carga

Bolsa de compresión

Cuando empecé no entendía para qué servía una bolsa que solo aprieta. Metía el saco suelto al fondo de la mochila y ya está. El problema es que un saco esponjado ocupa la mitad de los 60 litros, y lo que sobra siempre acaba encima, aplastado contra la tapa. La bolsa de compresión hace una cosa muy concreta: deja el saco en un paquete duro, del tamaño de un ladrillo grande, y lo manda al fondo. Yo tengo tres y uso cada una para lo mismo desde hace años.

Lo que hace y lo que no hace

La bolsa aprieta, no protege. Eso hay que tenerlo claro desde el principio, porque mucha gente la compra pensando que además guarda del agua, y no. La tela es fina y el cordón no cierra hermético. Si llueve, el saco se moja igual dentro de la bolsa que fuera, solo que más despacio.

Lo que hace bien es quitar volumen. Mi saco de -5 °C esponjado mide unos 60 cm de largo y no hay manera de meterlo entero al fondo de la mochila sin que ocupe hasta la tapa. Apretado en la bolsa se queda en unos 30 cm, más ancho, y entra de pie en la parte baja. Eso me deja la mitad de arriba libre para la comida, la ropa de agua y la cacerola.

Y hace una segunda cosa que no esperaba: protege el saco de los roces. La tela de la mochila por dentro es rugosa y arrastra. Con el saco suelto, el roce de cada salida le va sacando hilachas por el pie. Dentro de la bolsa eso no pasa.

Cómo se mete el saco sin destrozarlo

El saco no se dobla, se va metiendo. Es la primera cosa que hice mal. Yo lo doblaba como una sábana y lo apretaba a la fuerza, y en tres meses tenía una costura interior dando de sí.

Lo que hago ahora: agarro el saco por el pie del saco, el extremo de los pies, y lo voy introduciendo en la bolsa a puñados, empujando con la mano abierta y no con los dedos. Según entra, voy girando la bolsa. Cuando está todo dentro, aprieto con la rodilla y la palma a la vez, cerrando el cordón poco a poco para que el aire salga y no vuelva a entrar.

Lo que no hago nunca es apretar de la cremallera ni de las costuras. Si la tela está tensa y no baja, saco un poco y vuelvo a empezar. Apretar de más es como se revienta una costura, y una costura reventada en la bolsa se nota en la siguiente salida, no en esa.

Sacarlo y airearlo nada más montar la tienda

Esto es lo que más me ha cambiado las noches frías. El saco comprimido tarda en recuperar volumen, y un saco que no ha recuperado no retiene aire aislante. Si lo saco justo cuando me voy a meter, duermo peor las primeras dos horas.

Así que lo primero que hago al llegar al sitio, antes de clavar una piqueta, es sacar la bolsa y dejar el saco extendido dentro de la tienda. Mientras monto, preparo la cena y recojo, pasa una hora larga esponjándose. En agosto, con la tienda al sol toda la tarde, el saco está tibio al llegar la noche y eso se nota en la espalda al entrar.

La bolsa, mientras tanto, se queda vacía y abierta en el bolsillo de fuera. Si la dejo cerrada con un poco de humedad dentro, a la mañana siguiente huele mal.

Las tres que tengo y qué llevo en cada una

La primera es la del saco, la de 45 cm, y no sale nunca de la mochila. La segunda es más pequeña, de 25 cm, y la uso para la ropa de repuesto: camiseta seca, calcetines y calzoncillo largo. Va apretada y no se abre hasta la noche, así no la revuelvo buscando otra cosa.

La tercera es la que menos uso y sirve para la ropa del día cuando termino. La ropa sudada se mete ahí y se queda separada del resto. Es una tontería, pero al día siguiente la camiseta limpia huele a limpio en lugar de a humedad, y eso al final del fin de semana se agradece.

Hay una cosa que no hago: guardar ropa mojada en una bolsa de compresión. Apretar ropa empapada dentro de una bolsa cerrada es la mejor manera de que coja olor y no se seque nunca. Si algo se moja, se tiende fuera en cuanto pueda.

Lo que se gasta y cómo alargo la vida de la bolsa

Lo primero que se rompe es el tope de plástico del cordón. Se parte a los dos o tres años de apretar y soltar. Cuando pasa, el cordón no se sujeta y la bolsa se abre sola en la mochila. Yo llevo siempre dos topes de repuesto en el neceser, del tamaño del cordón, y los pongo en la mesa de la cocina en cinco minutos.

Lo segundo es la cinta de la costura del fondo. Si la bolsa va muy apretada y la levantas por la cinta para pesarla, la costura tira y acaba cediendo. Aprendí a agarrarla por el cuerpo de la tela, que es lo que aguanta.

Y la tela se agujerea con las piquetas si guardo todo junto. Ahora la bolsa del saco va en un compartimento propio, con las piquetas envueltas aparte en un trapo. Un agujero de nada en la bolsa no se nota hasta que te das cuenta de que el saco ya no se comprime.

Lista de comprobación

  • Mete el saco a puñados girando la bolsa, sin doblarlo ni apretar contra las costuras.
  • Cierra el cordón poco a poco con la rodilla y la palma, dejando salir el aire.
  • Guarda la bolsa del saco en un compartimento propio y las piquetas envueltas aparte.
  • Al llegar al sitio, sácala la primera y extiende el saco dentro de la tienda antes de nada.
  • Deja la bolsa vacía y abierta en el bolsillo de fuera mientras montas y cenas.
  • Antes de acostarte, comprueba que el saco ha recuperado volumen; si está flojo, lo sacudes un poco.
  • Al volver a casa, saca el saco, tiende la bolsa y revisa el tope del cordón.