Inicio Técnicas de campo Mochila y carga Guardar la mochila en orden de uso

TécnicaMochila y carga

Guardar la mochila en orden de uso

Guardar la mochila por huecos es guardar dos veces. Durante años la llené buscando el sitio donde mejor encajaba cada cosa, y cada noche, al llegar al sitio, tenía que vaciarla entera para encontrar el saco, el frontal o el chubasquero. Ahora la coloco por orden de uso: lo del día arriba, lo de dormir abajo y el chubasquero siempre en el mismo bolsillo. Así, con la mochila cerrada y a oscuras, sé dónde está cada cosa sin abrir nada.

Guardar la mochila en orden de uso
La mochila abierta con lo de dormir en el fondo y el chubasquero y el frontal en sus dos bolsillos exteriores de siempre.

Lo esencial

  • Arriba va lo del día: comida, agua, chubasquero y lo que uso andando. Lo de abajo no se toca hasta llegar.
  • Abajo va lo de la noche: saco, ropa de dormir y esterilla. No lo necesito hasta montar la tienda.
  • El chubasquero y el frontal, siempre en el mismo bolsillo exterior. Si tengo que buscar, ya he perdido tiempo.
  • Al recoger, cada cosa vuelve a su sitio. Guardar de cualquier manera cuesta lo mismo que guardar bien y luego se paga.

Paso a paso

Guardar por uso, no por huecos

El error de base es llenar la mochila como si fuera un armario, buscando el hueco exacto para cada objeto. Si guardo por huecos, cada vez que saco algo tengo que recolocar el resto, y si lo hago con prisa acabo dejando las cosas en cualquier parte. Guardar por uso es otra cosa: pienso en el orden en que voy a necesitar las cosas, y voy colocando de abajo hacia arriba según ese orden.

Lo que no uso hasta la noche va abajo. Lo que necesito durante la marcha, arriba y a mano. Y lo que uso muchas veces al día, en el bolsillo exterior del que todos se acuerdan. Con este reparto no hay que vaciar la mochila al llegar, que es lo que me pasaba antes, tirado en el suelo con todo revuelto y buscando el saco a media luz.

El orden también sirve para no olvidar. Si cada cosa tiene su sitio, al mirar la mochila veo de un golpe lo que falta. Un hueco vacío donde debería estar el frontal se ve enseguida, y con la mochila llena de cualquier manera no se ve nada.

Lo de dormir, abajo y a mano

El saco, la ropa de dormir y la esterilla ocupan el fondo y la parte baja. Son cosas de volumen, las uso una vez al día y no las necesito durante la marcha. Puestas abajo, hacen de base blanda y dejan la parte alta libre para lo que voy a usar. Al abrir la mochila, lo primero que sale es lo del día y lo último, lo de la noche, justo en el orden en que lo necesito.

Salvo una excepción: la ropa de dormir, la capa térmica y el gorro. Esos van en la parte de arriba del saco, dentro de la bolsa de la ropa seca, porque en cuanto llego al sitio me los pongo sin abrir el saco. Si están al fondo, tengo que sacar el saco entero y deshacer medio fondo para ponerme el gorro. Con el frío y a oscuras, eso se nota.

La esterilla la llevo sujeta por fuera o en la parte de abajo, según el sitio. Si la meto dentro, me come medio fondo y me deja sin espacio para el saco. Fuera se coloca rápido y no arrastra agua dentro de la mochila.

Lo del día, arriba

En la parte de arriba, la que abro sin deshacer nada, va todo lo que uso durante la marcha: el agua, la comida del día, la chaqueta fina, el gorro de sol y la crema. Es la parte que más abro y cierro, así que tiene que estar cómoda. Si tengo que desatar la mochila para sacar un bocadillo, acabo comiendo menos, y comer menos en ruta se nota al final del día.

El agua, en sus bidones, va en la parte alta pero pegada al cuerpo, no en el fondo. No es solo por el peso: es que la bebo a cada rato y quiero tenerla sin desatar correas. Si la llevo abajo, me da pereza parar a sacarla y bebo menos de lo que necesito, lo que con el calor de esta tierra se paga con dolor de cabeza.

En la tapa de la mochila, que también abro de pie, pongo el cuaderno pequeño y una bolsa con frutos secos. Nada pesado ahí arriba, solo cosas pequeñas que cojo y dejo.

El chubasquero y el frontal, siempre en el mismo bolsillo

Hay dos cosas que tienen que estar siempre en el mismo sitio, sin pensar: el chubasquero y el frontal. El chubasquero en el bolsillo exterior de un lado, la funda del poncho o el poncho mismo, según lo que lleve. El frontal en el otro bolsillo, con las pilas de repuesto. No los cambio de sitio nunca, ni la víspera ni al recoger. Así, cuando empieza a llover de golpe o llega la noche sin avisar, saco el brazo y lo tengo.

La razón es sencilla: con agua cayendo o con la oscuridad, no quiero buscar nada. Si el chubasquero está en el único sitio donde puede estar, lo saco en dos segundos y me lo pongo antes de empaparme. La vez que lo cambié de bolsillo por no mojar la tapa, me pilló la tormenta y tardé dos minutos en encontrarlo, con la chaqueta calada.

El frontal lo llevo también durante el día, aunque no lo use, porque una torcedura o un retraso me puede dejar andando de noche sin haberlo previsto. Dos cosas en dos sitios fijos, y el resto de la mochila puede estar donde esté.

Al recoger, cada cosa a su sitio

El orden de la mochila se pierde al recoger, no al deshacerla. Cuando recojo la tienda con prisa, por frío o por lluvia, meto las cosas como caen y al día siguiente no encuentro nada. Lo que hago ahora es dedicar unos minutos, ya en el coche o al sol, a colocarlo todo otra vez por uso. Recoger bien cuesta cinco minutos y me ahorra el lío de una noche entera.

Antes de cerrar del todo hago un repaso de huecos: saco, esterilla, comida, agua, chubasquero, frontal, mechero. Si todos los sitios están ocupados, no falta nada. Ese repaso lo hago también en el rellano de casa antes de salir, con la mochila abierta en el suelo, que es donde se ve todo.

Yo no vendo material ni guío a nadie: trabajo conduciendo y salgo a dormir fuera los fines de semana que puedo. Así que este orden es el mío, pensado para mis rutas y mi mochila. Y si un día la guardo mal, lo sé al llegar, no al salir.

Errores que he cometido

  • Llené la mochila por huecos y al llegar al sitio tuve que vaciarla entera para encontrar el saco, con el suelo ya oscuro. Ahora lo de dormir va abajo y lo del día arriba.
  • Puse la ropa de dormir en el fondo. Cada noche tenía que deshacer medio fondo para ponerme el gorro. Ahora va arriba, dentro de la bolsa de la ropa seca.
  • Cambié el chubasquero de bolsillo para no mojar la tapa. Me pilló una tormenta y tardé dos minutos en encontrarlo. Ahora está siempre en el mismo bolsillo, sin excepciones.
  • Llevé el agua en el fondo de la mochila. Me daba pereza parar a sacarla y bebí menos de lo que necesitaba. Ahora va arriba, pegada al cuerpo.
  • Recogí la tienda con prisa y metí todo como caía. Al día siguiente no encontraba el frontal. Ahora dedico cinco minutos a recolocar todo antes de cerrar.