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TécnicaMochila y carga
Impermeabilizar el equipo por dentro
Aquí llueve poco, pero cuando cae lo hace con ganas y casi siempre de golpe, en una tormenta de media tarde. Durante años me fié del cubremochilas y de que la tela de la mochila aguanta, hasta que un día con viento de costado se me caló la parte de atrás y amanecí con el saco húmedo. Desde entonces impermeabilizo por dentro: cada cosa en su bolsa, y la funda exterior solo como último recurso. Lo que está dentro de una bolsa cerrada se puede mojar por fuera sin que la noche se estropee.
Lo esencial
- Bolsas individuales dentro de la mochila: una para la ropa, otra para el saco y otra para la documentación.
- El cubremochilas solo protege si la lluvia cae de arriba. Con viento de costado el agua entra por la espalda y por debajo.
- Todo lo que no se puede mojar va en el centro de la mochila, rodeado de ropa. Lo de fuera es lo que primero se empapa.
- Antes de una tormenta, no espero a notar las primeras gotas: saco el poncho y cierro todo lo que esté abierto.
Paso a paso
Bolsas por dentro, no una funda por fuera
La funda que cubre toda la mochila parece la solución, y no lo es del todo. Protege lo que llueve de arriba, pero la lluvia no siempre cae de arriba. Con viento, el agua llega de lado y entra por la espalda de la mochila, por los bordes de la funda y por debajo, donde queda un hueco entre la tela y el suelo. Un cubremochilas con viento de costado es casi decorativo.
Lo que funciona es trabajar por dentro. Cada cosa delicada va metida en su propia bolsa cerrada, y luego todo eso va en la mochila. Aunque la tela exterior se moje, el agua no llega a lo de dentro porque no hay camino por donde subir. La funda exterior la sigo llevando, pero como segunda barrera, no como la buena.
Las bolsas no tienen que ser nada especial. Las uso de las de ropa, con cordón, y alguna de plástico grueso que guardo de un año para otro. Lo que importa es que cierren bien y que no estén rotas. Una bolsa con un agujero no protege a nadie.
La ropa y el saco, cada uno aparte
El saco de dormir es lo que más me importa, porque un saco mojado no calienta nada y no se seca en toda la noche. Va siempre en su bolsa, y esa bolsa va dentro de otra más grande, con la ropa de dormir. Si el saco es de los que ya vienen con bolsa de compresión, la aprieto primero y luego la meto en la bolsa exterior. Suena exagerado hasta que una vez amaneces con la parte de los pies empapada.
La ropa la reparto por uso. La muda seca, la que me pongo al llegar para dormir, va en una bolsa aparte, cerrada del todo. La ropa del día, que suele estar sudada, va en otra, fuera de la bolsa del saco. Si juntos la limpia y la sudada, la húmeda contagia a la seca y me quedo sin recambio bueno.
La capa de abrigo, si no es impermeable, va con la ropa seca. Si es impermeable, la llevo más a mano porque me la pongo encima cuando llueve sin tener que abrir la mochila. Ese detalle ahorra abrir y cerrar con agua cayendo.
El cubremochilas y el viento de costado
Cuando salgo con la funda puesta, lo primero que hago es apretarla bien, con la goma por debajo de la mochila y sin huecos por los lados. Si queda floja, el viento la hincha como un globo, se mueve y hace ruido toda la noche. Y si se mueve, deja pasar el agua por donde se levanta.
Con viento fuerte de costado, la funda sola no basta. Ahí lo que me salva es la cantidad de agua que aguanta la tela de la mochila, que nunca es mucha, y las bolsas de dentro. También procuro no apoyar la mochila contra el suelo encharcado: la dejo encima del poncho, sobre una piedra plana o colgada de una rama baja. Un palmo de separación del agua del suelo cambia bastante.
La mochila mojada de fuera la dejo fuera de la tienda, en el porche o debajo de un alero natural. Meter una mochila empapada dentro de una tienda pequeña es meter la humedad conmigo. Lo hago solo si no hay otra salida, y entonces la pongo sobre algo y la aparto todo lo posible del saco.
El papel, la electrónica y los mecheros
Estas cosas son las que se estropean y no me doy cuenta hasta que las necesito. El mapa y el cuaderno los llevo en una bolsa de plástico cerrada, dentro de la mochila. El mapa mojado se rompe al doblarlo y luego no sirve para orientarse. Una bolsa de las de congelar cuesta casi nada y me ha salvado más de una salida.
El frontal y la batería de repuesto van juntos en otra bolsa. La electrónica no lleva bien la humedad y, aunque aguante la lluvia, la humedad de dentro de la tienda la acaba estropeando en dos o tres noches. El mechero y las cerillas van en un bote pequeño cerrado, porque un mechero mojado no enciende y con viento y agua cuesta más todavía.
Y una cosa que aprendí por las malas: no guardo nada mojado en la mochila al recoger. Si algo se ha empapado, lo saco, lo pongo a secar en casa ese mismo día y no lo dejo en la bolsa de un año para otro, que luego huele y se estropea.
Cuando algo se moja de todas formas
Pasa, y no es el fin del mundo si se sabe qué hacer. Si el saco se moja en la zona de los pies, extiendo la parte mojada al aire por la mañana, aunque esté nublado, y por la noche lo pongo al revés, con la parte seca hacia los pies y la húmeda hacia fuera. Tapado con el forro, se aguanta.
Si se me moja la ropa de dormir, me acuesto con la ropa del día, que también estará húmeda, y duermo peor, pero duermo. Lo que no hago es ponerme ropa mojada encima de ropa seca ni meterme en el saco con la ropa empapada: la humedad se queda dentro y noto más frío que si me acuesto con lo que tengo.
No tengo ninguna titulación ni curso de rescate ni de monte: cuento lo que me ha pasado a mí. Y si el agua me pilla en un sitio con riesgo de crecida o de barro, no me quedo a comprobar cómo va la cosa: recojo y me voy. Aquí me detengo.
Errores que he cometido
- Me fié del cubremochilas en una noche con viento de costado. El agua se caló por la espalda de la mochila y amaneció el saco húmedo. Ahora llevo cada cosa en su bolsa cerrada por dentro.
- Guardé la ropa seca y la sudada en la misma bolsa. Al llegar, la seca estaba húmeda. Ahora van en bolsas separadas, siempre.
- Dejé el mapa suelto dentro de la mochila. Con la lluvia se mojó, se rompió al doblarlo y me quedé sin él para orientarme. Ahora el mapa y el cuaderno van en una bolsa de plástico cerrada.
- Apoyé la mochila en el suelo encharcado junto a la tienda. La parte de abajo quedó empapada toda la noche. Ahora la dejo sobre el poncho o colgada de una rama.
- Metí la mochila mojada dentro de la tienda para tenerla a mano. La humedad se me metió dentro y condensó todo. Ahora se queda fuera, en el porche, aunque llueva.