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Equipo que usoFuego y seguridad
Navaja multiusos
Llevo una navaja multiusos en el bolsillo del pantalón desde que empecé a salir al campo. Corta cuerda, saca punta a las estaquillas y abre un bote cuando la cuchara no llega. Nada más. En cuanto el corte pide fuerza de verdad, la cierro y busco otra manera, porque una hoja plegable no es un hacha ni una palanca. Me ha durado años porque la trato con manía: la limpio cada vez que llego a casa y la afilo en la mesa de la cocina, que es el único sitio que tengo para estas cosas. Aquí cuento lo que hago con ella y lo que no.
Para qué la uso de verdad cada salida
Casi todo lo que corto es cuerda. La cuerda de los tensores se deshilacha por la punta y hay que cortarla y quemarla un poco para que no se abra; eso lo hago con la navaja y un mechero, sentado en el suelo con la cuerda estirada entre los pies. También saco punta a las estaquillas cuando el suelo está tan suelto que necesito clavarlas más, y abro los botes de la cena cuando la tapa viene dura, girando la hoja por el borde y sin forzar la punta hacia dentro.
Fuera de eso, la lista es corta. Corto el pan, corto el precinto de la bolsa del saco y he cortado alguna vez la tela de un poncho que se me rasgó para que no siguiera abriéndose. La uso también para deshacer un nudo que se ha apretado con la humedad, metiendo la punta con cuidado y sin tirar hacia mí.
Cuando llevo leña fina, la empleo para partir ramas de un dedo de grosor. De ahí no paso: lo que necesita dos golpes ya no lo corto con esto.
Cómo la llevo y dónde la guardo
Va en el bolsillo derecho del pantalón, cerrada y con el cordón enganchado al cinturón para no perderla. Nunca la llevo suelta en la mochila, porque he abierto bolsillos buscando el saco y me he encontrado la hoja abierta en el fondo. Tampoco la dejo abierta por la noche en el suelo de la tienda: en la oscuridad, medio dormido, lo primero que hace la mano es buscar el suelo, y ahí no quiero nada afilado.
Cuando llego al sitio, lo primero que hago es sacarla del bolsillo y dejarla en el hueco del material, con la bolsa de la cocina, siempre en el mismo sitio. Eso lo aprendí el día que se me cayó en la hierba alta y estuve un cuarto de hora buscándola a ras de suelo, con la linterna, pensando que la había perdido.
No la presto. Suena mal decirlo así y lo digo igual: prestarla es la forma más rápida de que acabe sin filo o en otro bolsillo.
El filo: cómo aprendí a afilarla sin cargármela
La primera vez que intenté afilarla la dejé peor que estaba. Usé una lima vieja del cajón, apretando fuerte y sin mantener el ángulo, y le hice un rebaje en el filo que no había manera de corregir. Tardé dos tardes en devolverla a la vida con una piedra pequeña de dos caras, agua y mucha paciencia.
Lo que hago ahora es más simple. Pongo un trapo en la mesa de la cocina, mojo la piedra, y paso la hoja manteniendo un ángulo que se mantiene igual todo el recorrido, con la piedra quieta y la navaja moviéndose. Cuento las pasadas por un lado y hago las mismas por el otro, diez y diez, y compruebo el resultado cortando un papel. Si el papel se dobla en vez de cortarse, sigo. Si corta, paro; insistir de más es lo que redondea el filo.
La piedra se guarda en casa. No llevo piedra al monte: un filo bien hecho aguanta una salida entera cortando cuerda y pan sin problema.
Lo que no hago con ella nunca
No corto ramas gruesas. He visto a gente golpear el lomo de la navaja con una piedra para partir leña y he visto también las navajas partidas por la mitad. La mía no está para eso y no la voy a forzar. Tampoco la uso de destornillador ni de palanca: si una estaquilla está clavada en tierra apelmazada, la muevo con la mano o la saco girando, nunca haciendo fuerza contra la hoja.
No corto hacia el cuerpo. Esto parece de manual y se olvida en cuanto tienes prisa y la cuerda está tensa. Ahora aguanto la cuerda contra un tronco o contra el suelo y corto hacia fuera, y si no encuentro apoyo, la corto con la navaja apoyada en una tabla o simplemente la deshago.
Eso es lo que yo llamo un «corte de poca fuerza», y hasta ahí llego. Cuando el corte pide fuerza de verdad, ahí la cierro. Aquí me detengo: no improviso con una hoja plegable. Si hace falta un hacha, hace falta un hacha, y si el trabajo es de otro, que lo haga quien sepa.
Óxido, holgura y el tornillo que se pierde
El enemigo número uno es el agua. Una noche me la metí en el bolsillo con la funda húmeda y al día siguiente tenía manchas de óxido en el filo y en el muelle. Desde entonces, al llegar a casa la seco, la abro del todo y la dejo aireando en la mesa antes de guardarla. Si ha cortado algo pringoso, la limpio con un trapo y un poco de agua, sin dejarla en remojo.
El polvo de la meseta es lo otro. La arena fina se cuela en el eje y la hoja empieza a ir a tirones; un día tuve que sujetarla con las dos manos para cerrarla. Ahora soplo en el hueco del eje y le paso un cepillo de dientes viejo.
En el eje le pongo una gota de aceite de máquina de vez en cuando, y abro y cierro varias veces para que se reparta. Con eso la hoja va suave y no se me queda a medias, que es lo más peligroso que le puede pasar a una plegable.
El tornillo del eje lo repaso con un destornillador pequeño en casa, dos veces al año. Una vez se aflojó solo, la hoja empezó a bailar y no me di cuenta hasta que casi me pillé el dedo al cerrarla. Ahora lo miro antes de cada salida, junto con el asa de la olla.
Lista de comprobación
- Antes de salir, abre y cierra la navaja y comprueba que el tornillo del eje no baila.
- Mete la navaja cerrada en el bolsillo con el cordón enganchado, nunca suelta en la mochila.
- Al llegar al sitio, déjala en el mismo hueco del material y no la dejes abierta por la noche.
- Corta la cuerda contra un apoyo firme y siempre hacia fuera, nunca hacia el cuerpo.
- Si el nudo está apretado, mete la punta con cuidado; no hagas palanca con la hoja.
- Para sacar punta a una estaquilla, corta con pasadas cortas y retira la viruta antes de seguir.
- Al volver a casa, sécala, ábrela del todo y déjala airear antes de guardarla.
- Repasa el eje con una gota de aceite y comprueba el filo cortando un papel.